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viernes, 4 de octubre de 2013

lunes, 23 de septiembre de 2013

Evol




El inglés necesita de un verbo fatalista para emplear la expresión "enamorarse": to fall. 


O sea que el enamorado no exactamente asciende a un estado superior, sino al contrario: cae. 


En castellano se está enamorado, pero en inglés se cae en el amor.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Los temibles difuntos





El Señor esté con vosotros...

El sepelio es el fin de la primera persona. Una ocasión pomposa donde unos cuantos ellos despiden a otro yo de su nosotros, a la vez que lo envían a otro ellos, más hondo e insondable. Ellos: los que no están, ni van a estar. 

Los que, si un día estuvieran, nos harían correr despavoridos. ¿o no es así, despavoridos como dicen que corren los que huyen de los muertos?

 Lo más fácil, e incluso lo más lógico, sería que enterrásemos a nuestros difuntos en el jardín de la que fue su casa.

 Pero entonces ya nadie se sentiría en su casa, ni en su mundo, sino sólo en el de ellos.– los temibles difuntos–, a quienes conducimos al panteón para poner entre ellos y nosotros no sólo tierra, sino de preferencia un mundo de por medio. Por más que añoremos a nuestros muertos, no queremos estar ni un instante en su mundo. Ni respirar su aire, ni mirar su paisaje.







martes, 3 de septiembre de 2013

Las Horas Moribundas


"Una mañana puedes levantarte con buenas intenciones, 
pero si el día anterior se te ocurrió llamar al diablo, va a ser 
él quien se encargue de tus intenciones"
Diablo Guardian




PEOPLE
Real Eyes Realize Real Lifes

martes, 27 de agosto de 2013

Parábola del Buen Pastor



Había una vez un buen pastor, que un día se escapó con la oveja más negra del rebaño. Nadie podía explicarse cómo un hombre tan bueno se había dejado seducir por aquella putilla de mala entraña. Cierta vez, sus antiguas ovejas, que por supuesto eran todas mestizas, los vieron bajar juntos de un Corvette amarillo.

Cuando le preguntaron de dónde había sacado ese coche tan lindo y tan cabrón, el pastor les contó que se había ganado el dinero en un casino, apostando la lana de su oveja negra. Y ellas, claro, se derretían del rencor, porque sabían que nunca en sus re corrientes vidas iban a tocar un coche así de lindo y de cabrón.

 Pero se equivocaban, porque al día siguiente vino el Corvette y las atropelló, por envidiosas. Mientras sus almas de borrego rascuache se elevaban por los aires, se escuchaba una voz en la Tierra diciendo: « Yo soy el Buen Pastor, quien apueste por mí no volverá a ser prángana»